El arte de fallar previsiones

El lunes envié la previsión número 99 del sistema Atalaya.
Desde que, a principios del año 2001, realicé con un grupo de amigos que trabajaban en medios el primer Vigía (que aún no se llamaba así) se han sucedido 72 Vigías y 27 Zenthinelas.
Hace unos días, en la reunión de la Junta Directiva de la Academia de la Publicidad, José Ángel Abancens, buen amigo, me recriminaba porque las previsiones oscilan mucho y en concreto porque tras el optimismo de finales de año volvieran a tener un signo negativo.
La crítica no era tanto al hecho de cambiar la previsión como a que ahora fuera negativa: las previsiones pueden afectar a la realidad. Creo que citó un estudio de ESADE, que no he encontrado, pero al que hace referencia este artículo de la revista Tiempo de finales del año pasado.
Si las previsiones son malas las empresas se resistirán a contratar, recortarán otros gastos y finalmente harán que la realidad empeore (quizá incluso por debajo de la previsión). Serían así una especie de profecías autocumplidas.
No voy a discutir con ESADE, ni mucho menos con el bueno de Abancens. Yo también creo que las previsiones pueden afectar a la realidad.
Eso llena aún de más responsabilidad a este sistema Atalaya. Reconozco que el día en que el portal Infobolsa atribuyó las fuertes subidas de las cotizaciones de Mediaset y Antena 3 a la publicación de los resultados de Vigía, me asusté.
Pero hay dos cosas en las que creo:
1. Tengo que creer en el sistema que utilizamos: Debo respetar las previsiones tal como las hacen los panelistas.
2. Con todos los errores que tiene el sistema, publicar previsiones reduce la incertidumbre y, por tanto, añade conocimiento.
Por otra parte, tanto Vigía como Zenthinela pueden fallar en la previsión de cada momento, pero captan muy bien la tendencia del mercado.
Seguiremos así. Yo espero que pronto las previsiones sean buenas. Si eso empuja la recuperación, mejor que mejor.

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